Trabajo en México: Entre la Informalidad y el autoempleo

 

“Los trabajadores seguimos siendo el pariente pobre de la democracia.”
Marcelino Camacho

Situación actual

 

De acuerdo con Urbano (2003), crear una empresa en México resulta complejo ya que en el camino se presentan diversas dificultades tales como la falta de capital inicial, la situación económica imperante y el alto riesgo de iniciar un negocio, lo cual en conjunto constituyen frenos para crear entidades económicas nuevas. Además de lo recién descrito, Castillo y Vela (2013) consideran que en México uno de los aspectos destacados como dificultad para crear una empresa tiene que ver con el mercado laboral en el sentido de que no se ha contado con la capacidad de crear empleos estables, bien remunerados y de tiempo completo que atiendan la demanda creciente de trabajo por parte de la población general vinculada directamente con los movimientos demográficos que experimenta el País.

La Reforma Laboral aprobada en el año 2012 generó cambios profundos que impactaron no solo en la forma de administración laboral para las empresas sino también en los empleos fijos y las carreras ascendentes para los para los ciudadanos de todo México, tal y como señala Campos (2017).. El autor comenta también que actualmente predominan los trabajos por hora, el autoempleo y los empleos a distancia, además del enorme problema para el desarrollo económico y social que representa la informalidad asociada con el clientelismo, el crimen organizado y la improductividad para algunos países en desarrollo, como es el caso de México. Sumado a lo anterior, en el Acuerdo Nacional Para La Productividad Laboral publicado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (2009), se señala que:

…un esquema de productividad debe procurar siempre obtener resultados que beneficien a los trabajadores, a las empresas y a la sociedad; no obstante, debe quedar abierta la posibilidad de modificar, suspender o dar por terminadas las condiciones originalmente pactadas, cuando ocurran circunstancias que así lo ameriten, considerando valores superiores como el empleo y la subsistencia misma de la empresa…”

 

Con base a la cita previa, algunos investigadores consideran que el Estado Mexicano faculta a las empresas para que prioricen su propia existencia antes que los derechos del trabajador, creando así un ambiente laboral ríspido que se transmite a toda la sociedad. Desde 2005, Ségal ya veía condiciones similares, señalando incluso que los cambios en las relaciones de trabajo y en el espacio productivo sitúan a los empleados en una condición de mayor fragilidad. Esta mención se complementa por lo dicho por Fitoussi y Rosanvallon (1996) quienes opinan que en el entorno socio-laboral actual y la movilidad ocupacional obliga a los empleados a transitar de manera aleatoria entre el mundo relativamente “seguro” que brinda el trabajo estable y el mundo del trabajo precario o independiente.

 

Economía informal

 

Tras la explosión demográfica que vivimos, sucede que gran parte de los trabajadores que no logran encontrar un lugar dentro del empleo formal se ven en la necesidad de crear su propia fuente de ingresos, creando como consecuencia, una red gigante de negocios micro-empresariales, tanto informales como formales. Tokman (1987) estableció el origen de la informalidad como resultado de tres factores esenciales:

  1. Excedente de mano de obra.
  2. La migración rural-urbana.
  3. La necesidad de sobrevivir (a consecuencia de la carencia de un seguro de desempleo).

Por su parte McLaughlin (1989), utiliza el término “economía informal” definiéndola como aquella terminología que aglomera pequeñas empresas que emplean tecnología rudimentaria y prácticas empresariales tradicionales. Este autor señala también que muchas de estas entidades operan sin licencia ni regulación y, virtualmente, sin conocimiento de su existencia por parte del gobierno. Se considera que sus propietarios evitan de esta forma, el pago de prestaciones sociales, salarios mínimos y otras regulaciones tributarias, empleando mano de obra familiar o no pagada.

Fortaleciendo los argumentos anteriores, Braun y Loayza (1994) señalaron que el sector informal es el conjunto de entidades económicas que no cumplen con una o más de las regulaciones e imposiciones tributarias del gobierno, pero cuyo producto es considerado legal (a comparación de otros productos, por ejemplo la piratería).

Por su parte, Roubaud (1995) aborda la economía informal como algo que se hace para abaratar los costos de producción, que tiene cualidades de supervivencia y que por lo general llevan a cabo las micro y pequeñas empresas, así como los auto empleados. Si bien esta economía informal no es delictiva, sí está al margen de la ley, aunque sus prácticas se consideran legales.

Ahora bien, de acuerdo con Castillo y Vela (2013), actualmente el autoempleo no necesariamente comprende posiciones ocupacionales de escasa calidad, precaria y con salarios bajos, sino que puede abarcar actividades técnicas, gerenciales, administrativas o profesionales propiamente empresariales con acceso a capital y recursos tecnológicos. Comentario del cual se desprende la pertinencia de cuestionarse respecto al potencial que puede tener el autoempleo en la generación de nuevos puestos de trabajo, e incluso en la innovación de las estructuras socio-laborales.

 

El papel del emprendedor

 

Hace muchos años, específicamente en 1957, el autor Schumpeter señaló dentro de su libro “Capitalismo, Socialismo y Democracia” que mantener la máquina capitalista en movimiento requería un impulso que le regulara y mantuviera, mismo que provendría de:

  1. Los nuevos bienes de consumo.
  2. Los nuevos métodos de producción y de transporte.
  3. Los nuevos mercados.
  4. Las nuevas formas de organización industrial y de la creación de empresas capitalistas.

Para lo cual se requería de manera casi indispensable la creación de un personaje que asumiera dicho proceso de destrucción-creativa permanente, refiriéndose al proceso de innovación que tiene lugar en una economía de mercado en el que los nuevos productos destruyen viejas empresas y modelos de negocio, garantizando así la subsistencia del sistema. Es interesante señalar que Schumpeter años después se encarnaría en el papel de emprendedor.

Sobre el tema del emprendedor, se considera importante añadir la opinión de Lozano y Niebla (2011) quiénes dicen que la persona que comienza una empresa realiza un acto de emprendimiento, aunque ello no necesariamente lo convierta en emprendedor sino más bien un empresario (al menos durante el tiempo que su empresa permanezca con vida). Los mismos autores señalan que uno de los factores principales para que la empresa tenga éxito es la capacidad del empresario para administrar, ya que esto último representa gestionar adecuadamente el negocio que en una única ocasión emprendieron con riesgo. Los autores consideran que ante la complejidad económica y la crisis global en la que nos encontramos, el tema del emprendedor se ha convertido en un recurso al que todos los discursos, iniciando por el político, utilizan pero no propiamente para el desarrollo económico o social sino para impulsar a la gente hacia el autoempleo, derivado de las crisis económicas cada vez más recurrentes y la incapacidad gubernamental por promover la creación de empleos de calidad.

El emprendedor en México

El concepto del emprendedor en nuestro País ha llevado a mitificar a la persona que emprende como un ser heroico, que realiza acciones individuales que lo llevan a generar grandes alcances. Sin embargo, no se comenta que la realidad de muchos de estos personajes es que cuentan con el apoyo económico, laboral, o moral de otras personas (familiares, la mayoría de las veces). Los autores Morales, Pineda y Dorado (2014) señalan que la mayoría de estudios alaban las características personales en el éxito empresarial, dejando de lado las áreas de desempeño como la concepción estratégica del servicio y la aplicación de técnicas de mercadeo para orientar las empresas al cliente. Esta ausencia de planeación en áreas de desempeño pudiera explicar el por qué el 65% de las nuevas empresas fracasan en los primeros dos años de operación, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI 2014).

Si bien existen programas gubernamentales que tratan de educar a las personas en temas relativas al emprendimiento, autores como Lozano y Niebla (2011) están convencidos que dichos programas están condenados al fracaso debido a que las personas que intentan formarse en esta materia es porque carecen de la capacidad de emprender ya sea por cuestiones ligadas fuertemente a su tipo de personalidad o a que no cuentan con las habilidades teóricas, sociales o intelectuales para hacerlo. Los autores intuyen que aunque se les brinden las herramientas requeridas, lo más probable es que sus esfuerzos empresariales estén quebrando en el corto plazo. Lozano y Niebla (2011) finalizan diciendo que si bien habrá algunos casos de éxito, éstos serán mínimos concluyendo así que aquellas personas que tienen la capacidad de tener una empresa ya cuentan con ella y no necesitan acercarse a estos programas gubernamentales.

 

Conclusión

Siguiendo lo dicho por Jason Fried (2010), les invito a que retiremos la palabra “emprendedor” de nuestro lenguaje a fin de desmitificar a las personas que inician un negocio, proponiendo que en su lugar se utilice el término empresarios. Esto ayudará a quitar la carga de “especialidad” con la que muchos emprendedores potosinos quieren que se les trate. Al final del día, cada persona debería ser alentada a crear su propio negocio, no solamente algún personaje que pertenezca a un grupo que se considere especial sin fundamento. 9 autores distintos (Ishikawa, (1985); Evans, & Sgulman (1992); Long & Vickers-koch (1995); Miller, Steier, & Le-Breton-Miller, (2003)) refieren que si bien no se requiere una maestría en administración para iniciar un negocio, si es necesario recordar lo citado por múltiples autores respecto a que las capacidades básicas estratégicas que requiere todo negocio comienzan con la identificación de las necesidades reales del cliente y terminan con la satisfacción de las mismas).

Gilmore, Carson, y Grant (2001) así como Pasanen (2003) nos invitan a recordar también que existe un reto real y crudo para los nuevos empresarios el cual consiste en la dificultad para acceder a la información del mercado y, por consecuencia a las necesidades reales de los clientes. Parte de este reto proviene de la propia actitud de rechazo de muchas PyMes a invertir en sistemas de información o tecnologías de la información, de acuerdo a lo señalado por Levy, Powell y Yetton (2002).

Finalmente, Saavedra (2012) considera necesario señalar que la relevancia económica en términos del aporte realizado al Producto Interno Bruto (PIB) no debería ser el único parámetro para dimensionar la importancia de la PyMEs, sino que también es necesario considerar el papel social que desempeñan las mismas al promover el autoempleo. Entiéndase pues que este tipo de empresas fungen como amortiguadores del alto desempleo que afecta a la región, constituyéndose en un elemento de “movilidad social”. Por mi parte, aliento al lector a recordar que mucho del tema del emprendimiento sirve para ocultar la ineficacia del sistema económico y gubernamental vigente y que, se debería estar trabajando por potenciar a los nuevos empresarios para que cuenten con mejores herramientas para la gestión y la escalabilidad de su negocio.

 

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Como siempre, le deseo que tenga éxito en las diversas actividades que realiza y reitero mi disposición para conversar de éste y otros temas con usted.

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